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FE ORTODOXA

  • MISTERIOS

    Reconozco un solo bautismo para el perdón de los pecados. La forma de entrar a la Iglesia Cristiana es por el Bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mateo 28, 19, la lectura del Evangelio para el Oficio del Bautismo en la Iglesia Ortodoxa).

    La Palabra Bautismo quiere decir inmersión o sumersión en agua. Fue practicado en el Antiguo Testamento e inclusive en algunas religiones paganas como una señal de muerte y renacimiento. Así, Juan Bautista bautizaba como signo de nueva vida y arrepentimiento que significa literalmente un cambio de mente, y también como signo de deseos y acciones preparatorias para la venida del Reino de Dios en Cristo.

    En la Iglesia, el Bautismo significa muerte y renacimiento en Cristo. Es la experiencia personal de la Pascua de Resurrección ofrecida a cada ser humano, la real posibilidad de morir y “nacer de nuevo” (Juan 3, 3).

    “No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su Muerte?. Porque somos sepultados juntamente con El, para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos  por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. porque si fuimos plantados juntamente con El en la semejanza de Su Muerte, así también lo seremos en la de Su Resurrección”.

    Romanos 6, 3-5; Lectura del Oficio de Bautismo en la Iglesia Ortodoxa.

    El bautismo es la fundamental experiencia Cristiana, la condición primera para la vida cristiana total. Todo lo que está en la Iglesiaencuentra su origen y contexto en el bautismo pues todo lo que está en la Iglesia origina y vive por la Resurrección de Cristo. Así, después del Bautismo viene el “sello del don del Espíritu Santo”, el Misterio (Sacramento) de la Crismación que es la experiencia personal de Pentecostés de cada hombre. Y la plenitud y cumplimiento de estos fundamentales misterios cristianos vienen en el Misterio de la Santa Comunión con Dios en la Divina Liturgia de la Iglesia.

    Solamente las personas que están comprometidas con Cristo en la Iglesia Ortodoxa mediante el Bautismo y la Crismaciónpueden ofrecer y recibir la Santa Eucaristía. La Santa Eucaristía es la Santa Comunión. Como tal, no es solo un “medio de santificación” para creyentes individuales, o un medio por el cual un individuo pueda lograr “comunión” con Dios según su propia conciencia particular, creencias y prácticas. Es mas bien el acto abarcante de la santa Comunión de muchas personas que poseen la misma fe, la misma esperanza, el mismo bautismo. Es el acto corporativo de muchas personas que tiene una mente, un corazón, una boca al servicio del único Dios y Señor, en el único Cristo y el único Espíritu Santo.

    Participar en la Santa Comunión en la Iglesia Ortodoxa es identificarse plenamente con todos los miembros de la fe Ortodoxa, vivos y muertos; es identificarse totalmente con todos los aspectos de la Iglesia Ortodoxa: Su historia, concilios, cánones, dogmas, disciplinas. Es “aceptar sobre si” la responsabilidad directa y concreta para todo lo relacionado con la tradición Ortodoxa y profesar responsabilidad en la vida diaria de la Iglesia Ortodoxa. Es decir delante de Dios y de los hombres que uno está dispuesto a ser juzgado, en el tiempo y en la eternidad, por lo que representa la Iglesia Ortodoxa en medio de la tierra.

    Entrando a la Santa Comunión de la Iglesia Ortodoxa mediante el Bautismo y la Crismación, uno entonces vive conforme a la vida de la Iglesia en toda forma posible. Antes que nada uno es fiel a la doctrina y disciplina de la Iglesia por fiel comunión con la jerarquía de la Iglesia, que son aquellos miembros del Cuerpo, responsable sacramentalmente por las enseñanzas y practicas de la Iglesia; también a las imágenes sacramentales de la identidad y continuidad de la Iglesiaen todo lugar y tiempo. Cuando uno entra en la comunidad del matrimonio, la unión de un hombre y una mujer para siempre según la enseñanza de Jesucristo, se santifica esta unión y se hace eterna y divina en el Misterio Sacramental de la Iglesia. Cuando uno esté enfermo y sufriendo, llama a “los presbíteros (sacerdotes) de la Iglesia” para que “oren por él, ungiéndole con aceite” en el misterio sacramental de la Santa Unción. (Santiago 5, 14) Cuando uno peca y se separa de la vida de la Iglesia, vuelve a la Santa Comunión de la comunidad divina mediante el Misterio Sacramental de la Confesión y arrepentimiento. Y cuando uno se muere, vuelve al creador en medio de la Iglesia, con las oraciones e intercesiones de los fieles hermanos y hermanas en Cristo y el Espíritu. Así la vida entera de la persona se vive dentro de y con la Iglesia como la nueva vida de plenitud en Dios Mismo, la Iglesia que es la presencia Mística del Reino de Dios que no es de este mundo.

    El creer en “un solo bautismo para la remisión de los pecados”, es reconocer que por la Resurrección de Cristo, la vida ofrecida a los seres humanos en la Iglesia  es una vida totalmente nueva.

    “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3,  1-4. Así, en la Iglesia, toda la vida comienza en el nuevo nacimiento del bautismo, la “vida escondida con Cristo en Dios”. En esta nueva vida están contenidos todos los misterios de la fe cristiana. Fluye por las aguas del bautismo todo lo que se encuentra en la Iglesia: la remisión de los pecados y la vida eterna.

  • TRADICIÓN

    La vida continua del Pueblo de Dios se llama la Santa Tradición. La Santa Tradición del Antiguo Testamento se expresa en la Biblia, en la vida continua del Pueblo de Israel hasta el nacimiento de Cristo. Esta Tradición se cumple, se completa y se engrandece en la Época del Mesías y enla Iglesia Cristiana.

    La Tradición Neotestamentaria o Tradición Cristiana es también conocida como la Tradición Apostólica o la Tradición de la Iglesia. La parte central escrita de esta tradición se encuentra en los escritos del Nuevo Testamento de la Biblia. Los Evangelios y los otros escritos de la Iglesia Apostólica forman el corazón de la Tradición Cristiana y son la principal fuente escrita e inspiración de todo lo que se desarrolló en los siglos siguientes.

    Esta Tradición Cristiana es entregada de pueblo a pueblo, en el espacio y el tiempo. La palabra Tradición en sí significa exactamente esto: “lo que es transmitido” o “entregado” de persona a persona. La Santa Tradición, por lo tanto, es lo transmitido de persona a persona, y entregado dentro de la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles de Cristo, hasta el día de hoy.

    Aunque la Santa Tradición contiene muchos documentos escritos, no se limita solamente a lo escrito; no es únicamente un conjunto de textos. Es, al contrario, toda la vida y experiencia dela Iglesia entera transferida de lugar a lugar, de generación en generación. La Tradición es la Vida Misma de la Iglesia, inspirada y guiada por el Espíritu Santo.

    No todo, sin embargo, de lo que se encuentra en la Iglesia pertenece a su Santa Tradición, pues no todo lo que está en la Iglesia es obra del Espíritu Santo ni pertenece esencial y necesariamente al Reino de Dios. Algunas de las cosas que encontramos en la Iglesia son solamente temporales y transitorias, meras costumbres y tradiciones humanas que  no poseen ningún valor eterno. Tales cosas en si no son malas. Al contrario, pueden ser positivas y muy útiles para la vida de la Iglesia siempre y cuando se las acepten por lo que son, y no otra cosa. Por lo tanto, es importantísimo dentro de la Iglesia distinguir las diferencias entre aquellas tradiciones que son solamente terrenales y humanas, y la verdadera Santa Tradición que pertenece al Reino de Dios, Celestial y Eterno.

    Es importante también reconocer que existen en la Iglesia ciertas cosas que no pertenecen a la Santa Tradición, y que tampoco se deben contar entre sus tradiciones humanas positivas. Estas cosas son simple y sencillamente malas, y son traídas a la Iglesia desde el mal del mundo. La Iglesia en su forma humana, como una institución terrestre, no es inmune ni está protegida de las faltas de sus miembros pecadores. Estos desvíos y errores que entran en la vida de la Iglesia deben ser juzgados y condenados por la Autentica y Verdadera Santa Tradición que nos viene de Dios.

    Entre los elementos que constituyen la Santa Tradición de la Iglesia, la Biblia tiene el primer lugar. Enseguida viene la vida litúrgica de la Iglesia  y su oración; después sus decisiones dogmáticas y los actos aprobados en los concilios de la Iglesia; las escrituras de los Padres Santos de la Iglesia; la Vida de los Santos; la ley canónica; y finalmente la tradición iconográfica junto a otras formas inspiradas de expresión artística creativa como la música litúrgica y la arquitectura.

    Todos los elementos de la Santa Tradición están orgánicamente unidos en la vida real. Ninguno de ellos puede estar aparte del cuerpo entero. Ninguno puede separarse o aislarse de los demás o de la totalidad de la vida de la Iglesia. Todos estos elementos se vivifican al participar de la vida real de la Iglesia en cada época y generación en todo tiempo y en todo lugar. Mientras la Iglesia siga viviendo por la inspiración del Espíritu Santo, la Santa Tradición de la Iglesia seguirá creciendo y desarrollándose. Este proceso continuara hasta el establecimiento del Reino de Dios en el fin de los siglos.

  • BIBLIA

    BIBLIA” El documento escrito de la Revelación de Dios es la Biblia, palabra que significa el libroo libros. La Biblia también es llamada las Sagradas Escrituras. La palabra escritura simplemente significa algún documento escrito.

    La Biblia fue escrita durante el transcurso de miles de años por muchas diferentes personas. Se divide en dos “testamentos” o “alianzas”. Estas palabras significan “acuerdos” o tal vez podríamos decir “contratos”. Los dos testamentos son el Antiguo y el Nuevo; cada uno tiene sus propios escritos. Como libro, la Biblia contiene muchos diferentes tipos de escrituras: ley, profecía, historia, poesía, narraciones, aforismos, oraciones, cartas y visiones simbólicas.

    El Antiguo Testamento

    Los escritos del Antiguo Testamento comienzan con los cinco libros de la Ley, que se llaman el Pentateuco. (Pentateuco significa 5 libros.) También se llaman la Torah, que significa la Ley. Algunas veces se refiere a estos cinco libros como los Libros de Moisés, ya que se centran en el Éxodo y las leyes mosaicos.

    En el Antiguo Testamento también se encuentran libros acerca de la historia del Pueblo de Israel, como por ejemplo I y II Reyes y I y II Samuel; los libros Sapienciales o de  Sabiduría, como los Salmos, Proverbios y Job; y libros de  profecías que llevan los nombres de los profetas del Antiguo Testamento. Un profeta es alguien que profesa públicamente la Palabra de Dios por inspiración divina directa. Generalmente muchas personas piensan que un profeta es alguien que predice el futuro, pero esto es solamente su significado secundario.

    La Iglesia Ortodoxa cuenta entre los libros auténticos del Antiguo Testamento los libros que se llaman Deuterocanónicos (otros cristianos colocan estos libros en segundo lugar o los rechazan completamente por no considerarlos inspirados).

    El Nuevo Testamento

    El corazón del Nuevo Testamento está conformado por los cuatro Evangelios: el de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, quienes se llaman los Evangelistas, que quiere decir los que escribieron los Evangelios. La palabra Evangelio proviene del Griego, -Evangelion- y, como ya hemos visto, significa “Buena Nueva”.

    El Nuevo Testamento contiene también el Libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas. Además encontramos catorce Epístolas (que simplemente significa “cartas”) atribuidas al Apóstol San Pablo. No obstante, es posible que algunas, como la Epístola a los Hebreos, no fueran escritas directamente por él. También se encuentran en el Nuevo Testamento tres epístolas  escritas por el Apóstol Juan; dos por el Apóstol Pedro; una atribuida al Apóstol Santiago y otra al Apóstol Tadeo (Judas). Finalmente se encuentra el Libros de la Revelación, que también se conoce como el Apocalipsis, atribuido a San Juan.

    Para el Cristiano Ortodoxo, la Biblia es la principal fuente escrita de la Doctrina Divina, ya que Dios Mismo inspiró su escritura por su Santo Espíritu. (Véase II Timoteo 3, 16 y II Pedro 1, 20.)Esta es la doctrina de la inspiración de la Biblia; es decir, que hombres inspirados por Dios escribieron las palabras que son verdaderamente sus propios palabras humanas (¡toda palabra es humana!), pero que sin embargo se puedan llamar, en su conjunto, la Palabra de Dios. Así la Biblia es la Palabra de Dios en forma escrita pues contiene no solamente los pensamientos y experiencias de los hombres, sino la Revelación de Dios Mismo.

    El corazón de la Biblia, Palabra de Dios escrita a la manera de los hombres, es la persona del Verbo Viviente de Dios bajo el aspecto de hombre, Jesucristo. Todas las partes de la Biblia se interpretan en la Iglesia Ortodoxa a la luz de Cristo, pues todo lo que está en la Biblia conduce a Cristo y habla acerca de Él. (Lucas 24, 44) Se simboliza esto en la Iglesia Ortodoxa por el hecho de que es solamente el Libro de los Cuatro Evangelios el que se encuentra entronizado en el Altar, y no la Biblia entera. Esto es así porque todo lo que está en la Biblia se cumple en Cristo.

    LOS CONCILIOS

    “LOS CONCILIOS” Mientras la Iglesia se desarrollaba a través de la historia, se vio enfrentada por numerosas decisiones dificilísimas. Pero la Iglesia siempre resolvió sus dificultades, y sus decisiones fueron basadas sobre el consenso de opinión entre todos los creyentes inspirados por Dios, dirigidos por sus respectivos líderes, primero los Apóstoles y luego sus sucesores, los Obispos.

    El primer concilio eclesiástico de la historia tuvo lugar en la Iglesia Apostólica para fijar las condiciones bajo las cuales los gentiles, es decir, convertidos que no eran de la fe judía, podrían entrar a la Iglesia. (Véase Hechos 15) Desde aquel tiempo, durante toda la historia de la Iglesia los concilios fueron convocados en todos lo niveles de la vida de la Iglesia para tomar decisiones importantes. Se reunían los Obispos regularmente con sus Sacerdotes(Presbíteros), y con los laicos. Desde muy temprano en la historia de la Iglesia se estableció la práctica de que los obispos en cada región se reunían regularmente en concilio.

    En varias ocasiones durante la historia de la Iglesia fueron convocados concilios de todos los obispos de la Iglesia. En la práctica no todos los Obispos podían asistir a estos concilios y no todos los concilios fueron automáticamente aprobados y aceptados por la Iglesia en su Santa Tradición. Para la Iglesia Ortodoxa solamente siete Concilios (algunos de los cuales que fueron bastantes reducidos en el número de obispos que asistieron a ellos) han recibido la aprobación universal de la Iglesia entera en todo tiempo y lugar. Llamamos estos concilios, los Siete Concilios Ecuménicos. (Véase el diagrama.)

    Las definiciones dogmáticas (dogma quiere decir “enseñanza oficial”) y las decisiones canónicas de los Concilios Ecuménicos son consideradas como inspiradas por Dios y expresan Su Voluntad para con los seres humanos. Así, son fuentes esenciales de la doctrina Cristiana Ortodoxa.

    Aparte de los Siete Concilios Ecuménicos, también hubo otros concilios locales cuyas decisiones también han recibido la aprobación de todas las Iglesias Ortodoxas del mundo y por lo tanto son consideradas como auténticas expresiones de la fe y la vida ortodoxas. Las decisiones de estos concilios son principalmente de carácter moral o institucional. Sin embargo, también revelan la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa.

    Los siete Concilios Ecuménicos

    CONCILIOAÑOFORMULACIÓN
    Nicea I 325 Formuló la primera parte del Credo definiéndola Divinidad del hijo de Dios.
    Constantinopla I381Formuló la segunda parte del Credo. Definiendo la Divinidad del Espíritu Santo.
    Efeso431Definió a Cristo como el verbo Encarnado de Dios, y a María como Theotokos (Madre de Dios)
    Calcedonia451Definió a Cristo como Dios Perfecto y Hombre Perfecto en Una sola y única Persona.
    Constantinopla II553Reafirmó la Doctrina de la Santísima Trinidad y de Cristo.
    Constantinopla III680Afirmó la Verdadera Humanidad de Jesús, insistiendo en la realidad de su voluntad y acción humana.
    Nicea II787Afirmó la legitimidad de los iconos como expresiones verdaderas de la Fe Cristiana.
  • LOS CÁNONES

    “LOS CÁNONES” Existen leyes canónicas de los Concilios ecuménicos, de los concilios provinciales y locales, y de algunos padres de la Iglesia que han sido aceptadas por toda la Iglesia Ortodoxa como normas para la doctrina y práctica cristiana. Como palabra, canonliteralmente significa regla, norma o mandato de juicio. En este sentido los cánones no son leyes absolutas en el sentido jurídico y no se las puede identificar con el concepto de leyes como se entiende  y funciona en la jurisprudencia humana.

    En los cánones de la Iglesia se distinguen primero entre los que son de una naturaleza dogmática o doctrinal, y los que son de un  carácter práctico, ético o institucional. Luego, además, se hace la diferencia entre aquellos que pueden ser alterados o cambiados, y los que no pueden ser alterados por ningún motivo en  ninguna circunstancia.

    Los cánones dogmáticos son aquellas definiciones conciliares que hablan acerca de algún artículo de la fe cristiana; como por ejemplo, la naturaleza y la persona de Jesucristo. Aunque es posible explicar y desarrollar tales cánones en nuevas y diferentes palabras, particularmente mientras la Tradición de la Iglesia crece y se desarrolla en el tiempo, su significado esencial permanece siempre eterno y sin variar.

    Algunos de los cánones de carácter moral y ético también pertenecen a los que son inalterables. Estos son los cánones morales cuyo significado es absoluto y eterno, y cuya violación no podría ser justificada de ninguna manera.. Los cánones que prohíben la venta de los sacramentos de la Iglesia corresponden a esta clase.

    Pero también existen cánones de naturaleza práctica que pueden ser cambiados y que, de hecho, han sido cambiados durante la vida de la Iglesia. Un ejemplo de este tipo es el canon que requiere que los sacerdotes de la Iglesia no puedan ser ordenados antes de cumplir los treinta años de edad. Se puede decir que aunque este tipo de canon permanece y ciertamente fija un ideal que teóricamente todavía puede ser valioso, las necesidades de la Iglesia han requerido que este canon a veces sea variado. Del mismo modo, existen otros cánones que podrían  ser modificados, pero que hasta ahora permanecen sin variar, ya que la Iglesia ha mostrado el deseo de mantenerlos. Un ejemplo de este tipo de canon es el que requiere que los Obispos de la Iglesia sean elegidos del clero célibe o viudos.

    No siempre es fácil de descubrir cuáles cánones expresan puntos esenciales de la vida cristiana y cuáles no. A menudo hay períodos de controversia sobre ciertos cánones en cuanto a su aplicabilidad en épocas y condiciones determinadas. Sin embargo, estos factores no deben llevar a confusión a los miembros de la Iglesia, ni a la tentación de, o bien  hacer cumplir todos los cánones ciegamente con igual rigor y dándoles igual valor, o bien de rechazar todos los cánones como sin importancia real.

    En primer lugar, los cánones son “de la Iglesia” y por lo tanto, no se debe considerarlos como“leyes absolutas” en el sentido jurídico; en segundo lugar, ciertamente los cánones no son exhaustivos, y no cubren todos los aspectos posibles de la fe y vida cristianas; en tercer lugar, los cánones fueron enunciados en gran parte como respuesta a algún problema particular tocante al dogma o a la moral, o bien a alguna desviación surgida en la vida de la Iglesia, y que por lo tanto llevan las marcas de alguna controversia específica que sobrevino en el curso de la historia que ha acondicionado no solamente su formulación particular sino incluso su propia existencia.

    Tomados aisladamente, los cánones de la Iglesia pueden parecer falaces y engañosos, de suerte que las personas superficiales pueden decir, “O bien se los aplica a todos, o bien se los rechaza en bloc”. Sin embargo, tomados en su conjunto, dentro de la plenitud de la vida Ortodoxa: teológica, histórica, canónica y espiritual, estos cánones ciertamente cumplen bien su rol y responden a las necesidades, y  muestran ser una rica fuente para el descubrimiento de la Verdad viva de Dios en la Iglesia. Para apreciar verdaderamente los cánones de la Iglesia, los factores principales son el conocimiento cristiano y la sabiduría Cristiana, que nacen de un estudio serio y de la profundidad espiritual. No existe otra “clave” en su uso; otra forma, según nuestra Fe Ortodoxa, no seria ni ortodoxa ni cristiana.

  • IGLESIA

    En la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

    La palabra Iglesia designa a aquellos que son llamados a conformar un pueblo particular para hacer o lograr algo particular. La Iglesia Cristiana es la asamblea de las personas escogidas por Dios, llamadas  a guardar Su palabra y hacer Su voluntad y Su trabajo en el mundo y en el Reino Celestial.

    En la Sagradas Escrituras la Iglesia es llamada  Cuerpo de Cristo (Romanos 12; I Corintios 10,12; Colosenses 1) y la Esposa de Cristo (Efesios 5,22-33; Apocalipsis 21,2;22,17). Tambiénla Iglesia es comparada al Templo vivo de Dios (Efesios 2; I Pedro 2), y además es llamada “columna y baluarte de la Verdad”. (I Timoteo 3, 15).

    Iglesia Una

    La Iglesia es Una, porque Dios es Uno, y porque también Cristo y el Espíritu Santo son Uno. Solamente puede haber una Iglesia, y no muchas. Y esta única Iglesia, ya que su unidad depende de Dios, de Cristo y del Espíritu, nunca puede estar fragmentada. Así, según la doctrina Ortodoxa, la Iglesia es indivisible; los hombres pueden estar dentro de la Iglesia o fuera de ella, pero no pueden dividirla.

    Según la enseñanza Ortodoxa, la unidad de la Iglesia es la libre unidad del hombre libremente aceptada en la verdad y amor de Dios. No se logra o establece tal unidad por ninguna autoridad humana ni poder jurídico, sino por Dios solamente. En la medida en que los hombres están en la verdad y el amor de Dios, son miembros de la Iglesia.

    Los Cristianos Ortodoxos creemos que en la Iglesia Ortodoxa histórica, existe la plena posibilidad de participar totalmente en la Iglesia de Dios, y que únicamente los pecados y falsas doctrinas humanas (herejías) separan los hombres de esta unidad. Los Ortodoxos sostienen que en los grupos cristianos no ortodoxos existen ciertos obstáculos formales que varían en los diferentes grupos, los cuales, si los hombres los aceptan y lo siguen, niegan su unidad perfecta con Dios y así destruirán la genuina unidad de la Iglesia (ejemplo: el papado de la Iglesia Romana).

    Dentro de la Unidad de la Iglesia el hombre es lo que fue creado y puede crecer para toda la eternidad en la vida divina, en comunión con Dios por Cristo en el Espíritu Santo. Ni el tiempo ni el espacio tienen efecto sobre la Unidad de la Iglesia y no se limita tampoco a los que viven sobre la faz de la tierra. La unidad de la Iglesia es la unidad de la Santa Trinidad y de todos los que viven con Dios: los Santos ángeles, los justos que han muerto, y los que viven en la tierra según los mandamientos de Cristo y el poder del Espíritu Santo.

    La Santa Iglesia

    La Iglesia es Santa, porque Dios es Santo, porque Cristo es Santo, y el Espíritu Santo es Santo.La Santidad de la Iglesia proviene de Dios. Los miembros de la Iglesia son santos en cuanto viven en comunión con Dios. En la Iglesia terrenal, los seres humanos participan en la Santidadde Dios. El pecado y error los separan de esta divina santidad tal como los separan de la unidad divina. De esta manera, los miembros terrestres y las instituciones de la Iglesia no se pueden identificar a la santidad de la Iglesia. La fe y la vida de la Iglesia en la tierra se expresa en sus enseñanzas, sus sacramentos, sus oficios, sus escrituras y sus santos que guardan la esencial unidad de la Iglesia, y que ciertamente se pueden afirmar como “santos” por la presencia y acción de Dios que está en ellos.

    Iglesia Católica

    La Iglesia Ortodoxa también es “católica” por su relación a Dios, Cristo y el Espíritu Santo. La palabra católica significa pleno, completo, íntegro; que nada le falta. Solo Dios es realidad plena y total; es solamente en Dios que nada falta.

    A veces la catolicidad de la Iglesia se entiende en términos de la universalidad de la Iglesia en el tiempo y espacio. Si bien es cierto que la Iglesia es universal – para todos los hombres en todo tiempo y lugar- esta universalidad no es el real significado de la palabra “católica” cuando se usa para definir la Iglesia. Esta palabra señala (desde las primeras décadas del siglo segundo) más una cualidad que una cantidad. Decir de la Iglesia que es  “católica” es definir cómo es, o sea, plena y completa, abarcando todo, y sin que le falte nada.

    Aun antes de que la Iglesia se expandiera por toda la tierra, ya se definía como católica. La Iglesia de Jerusalén original, la de los Apóstoles, o bien esas primitivas Iglesias de ciudades como Antioquia, Efeso, Corinto, o Roma, eran católicas. Estas Iglesias eran católicas -tal como es cada una de las Iglesias Ortodoxas hoy- porque nada esencial les faltaba para ser la verdadera Iglesia de Cristo. Dios mismo se revela plenamente y está presente en cada Iglesia mediante Cristo y el Espíritu Santo, actuando en la comunidad local de creyentes con sus enseñanzas apostólicas, sus ministros (jerarquía) y sus sacramentos, no careciendo entonces de nada para participar plenamente en el Reino de Dios.

    Entonces, creer en la “catolicidad” de la Iglesia es expresar la convicción de que la plenitud de Dios está presente en la Iglesia y que no carece de nada de la “vida abundante” que Cristo da al mundo en el Espíritu. (Juan 10, 10). Es confesar exactamente que la Iglesia es ciertamente “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. (Efesios 1, 23; también Colosenses 2, 10).

    Iglesia Apostólica

    La palabra apostólica describe lo que tiene una misión, lo que ha sido “enviado” para cumplir una tarea. Cristo y el Espíritu Santo, ambos son “apostólicos”, pues ambos han sido enviados al mundo por el Padre. No solamente se dice en numerosas ocasiones en las Sagradas Escrituras que Cristo ha sido enviado por el Padre, y el Espíritu Santo enviado por el  Padre mediante Cristo, sino que además se ha dicho explícitamente que Cristo es el “apóstol …de nuestra confesión”. (Hebreos 3, 1).

    Como Cristo fue enviado por el Padre, así también Cristo mismo eligió y envió Sus Apóstoles. “Como me envió el Padre, así también yo os envío… Recibid el Espíritu Santo. (Juan 20, 21-22), dice Cristo a Sus discípulos después de Su Resurrección. Así los Apóstoles salen al mundo, siendo ellos la primera fundación de la Iglesia Cristiana.

    En este sentido, entonces, la Iglesia es llamada “apostólica”: primero porque está fundada sobre Cristo y el Espíritu Santo enviados por Dios y sobre los apóstoles enviados por Cristo, llenos del Espíritu Santo; y segundo, porque la Iglesia, en sus miembros terrenales, es enviada por Dios para dar testimonio de Su Reino, guardar Su palabra, hacer Su Voluntad y cumplir Su obra en el mundo.

    Los Cristianos Ortodoxos creemos en la Iglesia porque creemos en Dios, Cristo y el Espíritu Santo. La Fe en la Iglesia es parte de la afirmación del Credo de los creyentes cristianos. La Iglesia misma es objeto de fe como la realidad divina del Reino de Dios otorgada a los hombres por Cristo contra la cual “las puertas del infierno no prevalecerán”. (Mateo 16, 18).

    La Iglesia y la fe en la Iglesia, es un elemento esencial de la doctrina y vida Cristiana. No puede haber una perfecta y plena comunión con Dios, en medio del mundo caído y pecaminoso, sin la Iglesia como una realidad divina, mística, sacramental y espiritual. La Iglesia es el don de Dios al mundo. Es el don de la salvación, del conocimiento e iluminación, del perdón de los pecados, de la victoria sobre las tinieblas y la muerte. Es el don de Comunión con Dios mediante Cristo y el Espíritu Santo. Este don es dado totalmente, de Una vez para siempre, sin ninguna reserva de parte de Dios. Permanece para siempre, hasta el fin de los siglos: invencible e indestructible. Los hombres pueden pecar y luchar contra la Iglesia, los creyentes pueden separarse de la Iglesia, pero la Iglesia misma, “columna y baluarte de la verdad” (I Timoteo 3, 15) permanece para siempre.

    “… (Dios) sometió todas las cosas bajo sus pies (de Cristo) y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”.

    “por medio de él… tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

    “Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavado del agua por la palabra, a fin de presentársela a si mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha… Grade es este Misterio.. de Cristo y de la Iglesia”.

    Efesios 1, 22-23; 2, 18-22; 5, 25-32.

  • LITURGIA

    "LA LITURGIA" La palabra iglesia literalmente significa una asamblea de personas llamadas a reunirse para hacer alguna obra en común. Cuando los miembros de la iglesia se reúnen como Pueblo de Dios para adorar, esta asamblea se llama la Liturgia de la Iglesia. La palabra Liturgia en sí significa la obra o acción común de un grupo particular de personas para el bien de todos. Entonces la Divina Liturgia de la Iglesia Cristiana significa la obra común de Dios hecha por el Pueblo de Dios.

    La liturgia del pueblo del Antiguo Testamento era el culto oficial en el templo de Jerusalén de acuerdo a la Ley de Moisés, como también las fiestas y ayunos anuales, y las oraciones y servicios privados efectuados por los israelitas en sus casas o en las sinagogas. Por definición, las Sinagogas son casas de reunión o de oración; no son templos, puesto que según la Ley Mosaica había un solo templo en Jerusalén donde se celebraba el culto sacerdotal. Los israelitas se reunían en las sinagogas para oración, estudio de la Escritura, predicación y contemplación de la obra de Dios.

    En la Iglesia del Nuevo Testamento se centra la liturgia en la persona de Cristo. Es principalmente una “cristianización” de la vida litúrgica del Antiguo Testamento. La Iglesia Cristiana conserva la vida litúrgica del Antiguo Testamento, pero en una nueva y eterna perspectiva. Así las oraciones del Antiguo Testamento, las escrituras y los salmos, se leen y se cantan a la luz de Cristo. El sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo reemplaza a los sacrificios del Antiguo Testamento en el Templo. Y el Día del Señor, el Domingo, reemplaza el antiguo Sabat judío que era celebrado el Sábado.

    Las fiestas judías también reciben un nuevo significado en la Iglesia Cristiana. La fiesta central de la Pascua, por ejemplo, es ahora la celebración de la Muerte y Resurrección de Cristo; y la fiesta de Pentecostés se vuelve la celebración de la venida del Espíritu Santo que cumple la Leydel Antiguo Testamento. El año litúrgico cristiano también se forma según el prototipo del Antiguo Testamento.

    A partir de la base original de la liturgia del Antiguo Testamento, la Iglesia desarrolló su propia vida sacramental, con el Bautismo en el Nombre de la Santísima Trinidad, la Crismación (o Confirmación), la Santa Comunión, el Matrimonio, el Arrepentimiento (Penitencia), el Sacramento de los Enfermos y el Orden Sagrado, tomando formas y significados específicamente cristianos. Fueron desarrollados, además, una gran riqueza de oraciones, himnos y bendiciones específicamente cristianas, junto a fiestas y celebraciones cristianas conmemorando acontecimientos y santos del Nuevo Testamento.

    La experiencia viva de la viva litúrgica y sacramental cristiana es una fuente principal de la doctrina cristiana. En la liturgia de la Iglesia, la Biblia y la Santa Tradición recobran vida y son ofrecidas al Pueblo Cristiano como experiencia a vivir. Así mediante la oración y el culto sacramental, los seres humanos son “enseñados por Dios”, como fue predicho para la época mesiánica. (Juan 6, 45)

    Además de la experiencia viva de la liturgia, los textos de los servicios y de los sacramentos nos dan una fuente escrita de doctrina, pues aquel que desea comprender las enseñanzas cristianas las puede estudiar y contemplar allí. Según nuestra Iglesia Ortodoxa, los textos litúrgicos y sacramentales – los himnos, bendiciones, oraciones, símbolos y ritos – no contienen errores formales ni deformaciones de la fe cristiana. Se puede confiar absolutamente en que revelan la verdadera doctrina de la Iglesia Ortodoxa. Es posible que algo de la información histórica que contienen las fiestas de la Iglesia no sea exacta, o que sea meramente simbólica, pero no hay ninguna duda en la Iglesia de que el significado doctrinal y espiritual de todas las fiestas es verdadero y auténtico, y que otorga una experiencia y conocimiento real de Dios.

  • SANTOS PADRES

    “LOS SANTOS PADRES” Existen en la Iglesia algunos santos que fueron teólogos y maestros espirituales. Ellos defendieron y explicaron las doctrinas de la Fe Cristiana. Estos santos se llaman los Santos Padres de la Iglesia y sus enseñanzas se llaman las enseñanzas patrísticas.(La palabra patrística viene de la palabra griega que quiere decir “padre”.)

    Algunos de los Santos Padres se llaman Apologetas, porque defendieron las enseñanzas cristianas contra aquellas personas que desde fuera de la Iglesia atacaban o ridiculizaban la Fe. Sus escritos se llaman “apologías”, que quiere decir “respuestas” o “defensas”.

    Otros de los santos padres defendieron la fe cristiana contra ciertos miembros de la Iglesia que deformaban la verdad y vida del cristianismo, escogiendo ciertas partes de la revelación y doctrina cristiana, y negando otros aspectos. Aquellas personas que deformaron la fe cristiana y de esta forma amenazaron destruir la integridad de la Iglesia Cristiana se llaman herejes, y sus doctrinas se llaman herejías. Por definición herejía significa “selección”, y un hereje es alguien que elige lo que él desea según sus propias ideas y opiniones, eligiendo ciertas partes de la Tradición Cristiana  y rechazando otras. Por sus acciones un hereje no sólo destruye la plenitud de la verdad cristiana sino que también divide la vida de la Iglesia y provoca separaciones en la comunidad.

    Generalmente, la Tradición Ortodoxa considera que los que enseñan herejías no solamente son equivocados o mal guiados o ignorantes. La Iglesia los acusa de estar activamente conscientes de sus acciones, y por lo tanto, en estado de pecado. No se considera como hereje, en el verdadero sentido de la palabra, a la persona que es simplemente mal guiado o equivocado, o que enseña lo que él cree ser la verdad sin que nadie se oponga a sus posibles errores. Muchos de los Santos e incluso de los Padres Santos tienen elementos en sus enseñanzas que cristianos de épocas más tardes han considerado como erróneos o inexactos. Esto, por supuesto, no significa que fueron herejes.

    No todos los Santos Padres fueron defensores contra el error o herejía. Algunos fueron ardientes predicadores, y fueron maestros importantes de la fe cristiana, desarrollando y explicando su significado de una manera más profunda y más completa. Otros fueron maestros de la vida espiritual, dando instrucción a los fieles acerca del significado y método de la comunión con Dios mediante la oración y la vida en Cristo. Aquellos otros Padres que se concentraban en la lucha de la vida espiritual se llaman los padres ascetas. El ascetismo se refiere al ejercicio y preparación de los “atletas espirituales”. Los padres que se concentraban en cómo lograr la comunión espiritual con Dios se llaman los Padres místicos. Se define el misticismo como la unión verdadera, experiencia,  con lo Divino.

    Todos los Santos Padres, sean teólogos, pastores, ascetas o místicos, entregaron sus enseñanzas a partir de la experiencia de su propia vivencia en Cristo. Ellos defendieron, describieron y explicaron las doctrinas teológicas y los caminos de la vida espiritual de su propio conocimiento vivo de estas realidades. Unieron el brillo del intelecto con la pureza del corazón y la vida excepcionalmente virtuosa. Por esto son considerados Padres Santos de la Iglesia.

    Los escritos de los Padres de la Iglesia no son infalibles, y aún más se ha dicho que en las escrituras de algunos de los padres se puede encontrar algunos aspectos que podrían ser cuestionables a la luz de la plenitud de la Tradición de la Iglesia. Sin embargo, globalmente, los escritos de los Padres, están asentados sobre los fundamentos bíblicos y litúrgicos de la fe cristiana vivida, gozan de una gran autoridad dentro de la Iglesia Ortodoxa y son fuentes fundamentales para la profundización de la doctrina de la Iglesia.

    Los escritos de algunos de los padres que han recibido la aprobación y alabanza universal de la Iglesia durante los siglos son de particular importancia. Entre ellos cuentan los de Ignacio de Antioquía, Ireneo de Lyon, Atanasio de Alejandría, Basilio el Grande, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno (llamado el Teólogo), Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Cirilo de Jerusalén, Máximo el Confesor, Juan de Damasco, Focio de Constantinopla y Gregorio Palamás, así como  los padres ascetas y espirituales como San Antonio de Egipto, Macario de Egipto, Juan Clímaco, Isaac de Siria, Efrem de Siria y Simeón el Nuevo Teólogo, entre otros.

    A veces suele ser difícil para nosotros leer los escritos de los Padres de la Iglesia ya que frecuentemente los problemas que trataron eran muy complicados y su manera de escribir muy diferente al estilo nuestro. Además, la mayoría de los escritos  espirituales y ascetas provienen de un ambiente monástico, debiendo ser transpuestas a nuestra realidad para que sean comprensibles y útiles para nosotros que no somos monjes o monjas. Sin embargo, es muy importante  leer los escritos de los Padres directamente. Se deben leer lentamente, poco a poco, con pensamiento cuidadoso y mucha consideración,  sin llegar a ninguna conclusión rápida y caprichosa… de la misma manera en que se debe leer la Biblia. Entre los Padres de la Iglesia, los escritos  de San Juan Crisóstomo son muy claros y directos, y muchas personas pueden leerlos, recibiendo gran beneficio si se les da el esmero necesario. También existe la Filocalia, una antología de escritos espirituales, que existen (por lo menos una pequeña parte) traducidos al español, y que con la consideración exigida puede ayudar al cristiano maduro que busca discernimientos más profundos en la vida espiritual.

  • CREDO NICEO CONSTANTINOPOLITANO

    El Credo de la Iglesia se llama el Credo Niceo-Constantinopolitano, pues fue escrito formalmente durante el Primer Concilio Ecuménico en Nicea (en al año 325) y durante el Segundo Concilio Ecuménico en la ciudad de Constantinopla (año 381)

    La palabra “Credo” viene del latín “credo” que quiere decir “yo creo”. En la Iglesia Ortodoxa nos referimos al Credo como el Símbolo de la Fe, que literalmente significa la “reunión” y la “expresión” o la “confesión” de la fe.

    En la Iglesia primitiva existían muchas diversas formas de la confesión cristiana de la fe, muchos “credos”. Estos credos originalmente siempre fueron usados en ocasión del Bautismo. Antes de ser bautizada, cada persona debía proclamar su fe. El mas primitivo credo cristiano probablemente fue la simple confesión de fe afirmando que Jesús es el Cristo, es decir, el Mesías; y que Cristo es el Señor. Confesando públicamente esta creencia de fe, la persona entonces podía ser bautizada en Cristo, muriendo y resucitando con Él a la Nueva Vida del Reino de Dios, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

    Con el del pasar el tiempo, en diferentes lugares se desarrollaron diversos credos, todos profesando exactamente la misma fe, pero empleando formas y expresiones variadas con diferentes grados de detalle y énfasis. Estas formas de credos cristianos se desarrollaron de manera más elaborada y detallada en aquellos lugares donde habían surgido problemas acerca de la fe y donde habían aparecido herejías.

    En el siglo cuarto una gran controversia se desarrolló en el cristianismo acerca de la naturaleza del Hijo de Dios, a quien también la Escritura se refiere como el Verbo o Logos. Algunos decían que el Hijo de Dios era una criatura hecha por Dios como todo lo creado. Otros insistían que el Hijo de Dios es eterno, divino y no creado. Hubo muchos concilios que hicieron numerosas afirmaciones acerca de la fe en la naturaleza del Hijo de Dios. La controversia se extendió por todo el mundo cristiano.

    Finalmente, fue la definición proclamada por el concilio convocada por el Emperador Constantino en la ciudad de Nicea en el año 325, la que finalmente fue aceptada por toda la Iglesia como su Símbolo de Fe. Ahora consideramos este concilio como el Primer Concilio Ecuménico. Su proclamación fue la siguiente:

    Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, y de Todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Luz de luz, verdadero Dios de Dios verdadero; engendrado, no creado; consubstancial al Padre; por quién  fueron hechas todas las cosas; quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación bajó de los cielos, se encarnó del Espíritu Santo y Maria Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también para nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del padre; y vendrá de nuevo con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Y Su Reino no tendrá fin.

    Después de la controversia acerca del Hijo de Dios, el Verbo de Dios, y esencialmente unido con ella, surgió un conflicto sobre el Espíritu Santo. La siguiente definición proclamada por el Concilio de Constantinopla en el año 381 (que ahora se conoce como el Segundo Concilio Ecuménico), fue agregada al texto de Nicea:

    Y (creemos) en el Espíritu Santo,  Señor y Vivificador, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado; que habló por los profetas. Y en Una Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

    Este Símbolo de Fe completo fue finalmente adoptado en  toda la Iglesia.  Se puso en la primera persona singular “Creo”, y se usa para la confesión de fe oficial y formal que una persona (o su padrino) hace en el momento de su bautismo. También es la confesión de fe que hace el no-ortodoxo al entrar oficialmente en la comunión a la Iglesia Ortodoxa. Del mismo modo el Credo se ha hecho parte de la vida cotidiana de los Cristianos Ortodoxos y un elemento esencial de la Divina Liturgia de la Iglesia Ortodoxa en la cual cada persona formal y oficialmente acepta y renueva sus promesas bautismales y confirma ser miembro de la Iglesia. Así, el Símbolo de la Fe es la única parte de la Liturgia (repetida de otra forma antes de la Santa Comunión) que está en primera persona singular. Todos los otros himnos y oraciones de la Liturgia están en  plural, comenzando con “nosotros”. Unicamente la Confesión de Fe  comienza con “yo”. Esto, como ya veremos, es así porque la fe es primeramente personal y solo después un acto comunitario.

    Ser Cristiano Ortodoxo significa afirmar la Fe Cristiana Ortodoxa, no solamente las palabras, sino también el significado esencial del Símbolo de Fe Niceno-Constantinopolitano. Esto asimismo significa afirmar todo lo que esta confesión implica, y todo lo que ha sido expresamente desarrollado a partir de ella y fundado sobre ella en el curso de la historia de la Iglesia Ortodoxadurante los siglos, hasta el día de hoy.