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Venerado Vadim nació en la ciudad persa de Biplapete en una noble familia. Donó todos sus bienes. Él edificó fuera de la ciudad un monasterio donde más tarde fue el superior del mismo — archimandrita. Para pensar en Dios y para poder rezar más concentrado, él se alejaba algunas veces a la montaña desierta más cercana donde una vez tuvo la visión de Dios. Durante el reinado del rey Sapor II (año 376), el venerado Vadim fue encarcelado junto con sus discípulos. Durante cuatro meses los martirizaban tratando que abjuren a Cristo. Pero los santos que profesaban la fe en Cristo soportaban todo esto con coraje. Un tal Nirsano, también encarcelado, cristiano, intendente de la ciudad de Aria, tenía miedo a los suplicios, abjuró a Cristo y prometió al rey cumplir cualquier orden suya. Entonces Sapor ordenó a Nirsano matar al archimandrita Vadim. Nirsano con las manos temblorosas empezó a pegar golpes con la espada al venerable Vadim y recién de muchos golpes pudo decapitarlo. Después fueron ejecutados los otros mártires. Muy pronto Nirsano no pudo soportar los remordimientos de su conciencia y se suicido.

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