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La beata Pelagueia nació en Antioquia, Siria y hasta su conversión a Cristo era una joven de actitudes ligeras y amorales. Siendo muy atractiva físicamente se engalanaba con suntuosas vestimentas, oros y piedras preciosas por lo cual sus admiradores la llamaban Margarita o perla. Cierta vez se reunieron en Antioquia los sacerdotes de los alrededores. Entre ellos se encontraba Nonn obispo de Heliópolis, conocido por su sabiduría y su vida justiciera. Durante el descanso los obispos salieron del templo donde se reunían y de pronto ante ellos aparecieron un bullicioso grupo de jóvenes. Entre ellos sobresalía sobretodo una joven — con los hombros al desnudo y vestida indecorosamente. Era Pelagueia. Ella vociferaba y se reía fuertemente y sus admiradores rondaban en derredor de ella. Absortos los obispos inclinaron sus cabezas pero san Nonn, al contrario comenzó a observar a Pelagueia. Cuando la turba ruidosa de gente se alejó, Nonn le preguntó a los obispos: Es que no les agradó la belleza de la mujer y la vestimenta?" Ellos callaban. Entonces Nonn continuó: "Sin embargo ella me enseñó mucho, ella puso su mira en gustarle a la gente, y ¿qué piensan? ¿Cuántas horas dedicó para engalanarse, para preocuparse en ser más linda que otras mujeres a los ojos de sus admiradores? En el juicio final, por ella el Señor nos juzgará porque nosotros teniendo en el Cielo al inmortal Prometido, descuidamos el estado de nuestra alma. Con qué hechos nos presentaremos ante Él? Regresando a las habitaciones, san Nonn, comenzó a rezar por la salvación de Pelagueia. Al domingo siguiente cuando Nonn realizaba el Santo servicio, Pelagueia guiada por una fuerza invisible, por primera vez entró al templo. El servicio religioso y prédica de san Nonn acerca del juicio final le produjo tal efecto que quedó impresionada por su vida pecadora. Acercándose a Nonn, le relató su deseo de ser bautizada, pero no tenía seguridad de que Dios se apiadara de ella: "Mis pecados son más numerosos que las arenas del mar, y no alcanzará el agua del mar para lavar mis pecaminosos procederes." El buen obispo la consoló con la esperanza de la benevolencia Divina, bautizándola.

Convertida al cristianismo Pelaguéia juntó sus bienes trayéndoselos a Nonn. Nonn mandó a repartirlos entre los pobres, diciendo: "Qué sea bien repartido lo que fue recogido malamente." Luego de unos días, Pelagueia vistiendo con ropas de hombre, se alejó de la ciudad. Fue a Jerusalén y allí tomó los hábitos de monja. La tomaron como joven adolescente. Habitó en una celda en el monte de los Olivos, se enclaustró en él y comenzó una vida monacal estricta de penitencia y oración. Los habitantes de los alrededores la consideraban como el joven Peláguia. Después de varios años alcanzando grandes bondades espirituales, el joven Peláguia falleció cerca del 457. En el sepelio se comprobó que el fallecido joven era mujer.

KONDAKIO: Tu cuerpo con penitencia extremaste, con piadosas oraciones al Creador imploraste perdón de tus hechos, obtuviste absoluta abstención: y lograste mostrar el camino al penitente.

Beata Taisa.

21 oct. (8 oct. cal. Ecl.).

Beata Taisa nació en Egipto a fines del tercer siglo. Educada por su madre, mujer de mala conducta, Taisa desde sus jóvenes años se dedicó a la vida pecadora y se convirtió en mujer libertina. Seduciendo a jóvenes y hombres con su poco común belleza, a muchos llevó a la ruina. A los oídos de Pafnúty el Grande llegaron las noticias de la pecadora Taisa, quién logró que muchos pecadores perdidos se arrepintieran de sus pecados. Vistiendo ropas de sociedad, el anciano Pafnúty llegó hasta Taisa y le pidió reunirse en un cómodo lugar donde con seguridad nadie los pudiera ver — no solo la gente, sino que también el Mismo Dios! Taisa aunque era idólatra, poseía los conocimientos elementales acerca de Dios. Sonriente le contestó al anciano, que su pedido era imposible cumplirlo, ya que Dios está en todos lados y todo lo ve. Entonces el beato Pafnúty rápidamente le expresó todo el peso de sus pecados, y qué terrible respuesta le deberá dar al Señor por los seducidos por ella. Las palabras del anciano estremecieron a la pecadora y arrepintiéndose profundamente decidió de raíz cambiar su vida.

Reunidos sus tesoros, obtenidos con la vida pecaminosa, los quemó en la plaza pública, con lo cual ajustició públicamente su vida precedente. Luego de lo cual Taisa ingresó en un convento de mujeres y allí durante tres años se encerró, penosamente llorando por sus pecados. Falleció la beata Taisa cerca del año 340. El monje Pablo, llamado el Sencillo, tuvo la visión de que Dios le perdonó los pecados y fue merecedora de la Vida Eterna. Al saber esto el anciano Pafnúty se alegró por lograr salvar un alma de la perdición eterna.

Tropario: En ti madre es sabido te salvaste, tomando la cruz seguiste a Cristo, despreciando el cuerpo y enseñando lo experimentado dices así: acercad al espíritu a lo imperecedero. Con ello los ángeles y tu espíritu se alegrarán, beata Taisa.

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