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Santa Bárbara fue la única hija de un noble pagano, quien pronto se quedó viudo. Dioscórides, su padre, fue un hombre poderoso, quien estaba acostumbrado a la completa obediencia de sus subalternos. Amaba a su hija más que cualquier cosa en el mundo y de acuerdo a su pagano pensar le deseaba solamente los bienes terrenales. Vivía Santa Bárbara en Heliópolis en Fenicia (al norte de Tierra Santa) a fines del III y principios del IV siglos. Pensando que el trato con la gente haría que Bárbara conozca la gente no deseada, Dioscórides edificó para ella una magnífica vivienda con una alta torre y dio la orden de que no salga. Estando sola, la joven Bárbara se consolaba sentada al lado de la ventana de su torre mirando con fascinación la belleza de los alrededores. A ella le gustaba ver la vista de las colinas que desaparecían a lo lejos, el suave verdeo de los valles, la blancura de las nubes que se desplazaban sobre el celeste firmamento, el aroma de las flores del campo y de la hierba. Cuando oscurecía, ver como miríadas de estrellas, una detrás de otra, se encendían sobre el oscurecido cielo. El alma joven de Bárbara tenía un gran deseo de conocer al Creador de esta divina belleza. Las contestaciones de sus educadores paganos no la satisfacían y después de pensar mucho Bárbara llegó a la conclusión de que debe ser un Creador bueno, con profunda sabiduría y todopoderoso quien creó todo y a todo le dio vida. A Él quiso conocer Bárbara. Cuando Bárbara llegó a la mayoría de edad, su padre decidió casarla. Empezaron a visitarla muchos pretendientes, pero ella los rechazaba, utilizando diferentes argumentos. Entonces, el padre pensó que ella se hizo insociable porque estaba encerrada mucho tiempo y le permitió salir de la casa y conocer gente. Dios hizo que Bárbara conozca a los jóvenes cristianos y ellos le contaron sobre Dios — Creador y sobre Cristo Salvador. Ella, con su sensible alma entendió que finalmente encontró lo que buscaba desde hacía tiempo. Se hizo cristiana y se bautizó a escondidas de su padre. Cuando Dioscórides regresó a la casa, el vio con asombro que en el baño, que se edificaba para Bárbara, había tres ventanas en vez de dos que el ordenó hacer y sobre el mármol había un dibujo de una cruz. En una tensa conversación con su padre Bárbara no pudo ocultar más su creencia cristiana. Ella explicó que las tres ventanas simbolizan la Santa Trinidad y la cruz dibujada en memoria del crucificado Salvador. Enfurecido Dioscórides quiso matarla con su espada, pero Bárbara huyó.

Dioscórides la encontró recién al día siguiente y la dejó encerrada durante varios días sin comida. Después, el entregó a Bárbara al intendente de la ciudad Martiano como cristiana y dijo: "Haga con ella lo que quieres. Yo no quiero saber nada con ella.” Seducido con la belleza de la joven, Martiano trató al principio de convencerla con palabras dulces para que abjure de su credo y que haga una ofrenda a los ídolos paganos, pero Bárbara rechazó categóricamente su ofrecimiento y con coraje declaró delante de todos que es cristiana, que cree en Cristo como Dios y Salvador de los hombres. Esta firme declaración de la joven enfureció al intendente y él ordenó que la martiricen moralmente y físicamente. Ni su desnudez, ni azotes públicos con tendores de los bueyes que provocaban horribles heridas, hicieron dudar al fuerte espíritu de Bárbara. Durante sus sufrimientos ella rezaba al Dios sin parar, encomendándose a Él. Después de que la martirizaron por segunda vez, la Santa fue encarcelada. Ahí, en la cárcel ella fue honrada con la aparición del Mismo Cristo Salvador, quien le curó las heridas y le prometió una gran recompensa en el Cielo. Por la mañana, los verdugos vinieron a la cárcel y para su asombro encontraron   la mártir completamente sana. Pero ellos no comprendieron la evidencia del milagro y pensaron que sus dioses paganos la curaron. El intendente trató de obligar nuevamente a la Santa de hacer ofrenda a los ídolos, pero ella fue inconmovible. Entonces empezaron nuevos suplicios y la Santa encontraba nuevas fuerzas espirituales en su ardiente oración a Dios. Viendo que ni suplicios, ni halagos podían obligarla a abjurar el intendente ordenó decapitarla. Para ofenderla más, el intendente ordenó que la lleven al lugar del suplicio completamente desnuda. Pero el Señor hizo milagro para tranquilizar a su mártir, una luz sobrenatural la envolvió como si fuera una vestimenta y los paganos no pudieron ver su desnudez. Antes del martirio, santa Bárbara pidió a Dios que todos los que se acordarán de su martirio y pidan su ayuda queden liberados de una muerte súbita. El Señor escuchó el pedido de la mártir y ella oyó la voz que le prometía esto.

Completamente enfurecido, su propio padre la decapitó. Con Bárbara fue decapitada cristiana Juliana. Viendo los sufrimientos de Bárbara, ella reprochó al intendente su crueldad. El justo juicio Divino sobre los torturadores no se hizo esperar mucho, en el mismo día el padre de Bárbara y el intendente fueron muertos con un rayo que los pulverizó. Las reliquias de la Mega Mártir Bárbara se conservaban en la iglesia griega durante varios siglos. En el año 1108 la princesa griega Bárbara se casó con el príncipe de Kiev Sviatopolk Iziaslavovich. Ella trajo consigo las reliquias de su celeste protectora que fueron colocados en el monasterio Michailovsky-Zlatoverj en Kiev.

Beato Juan Damasceno.

17 diciembre (4 dic. según calendario religioso.)

Famoso escritor y poeta eclesiástico San Juan Damasceno en su juventud trabajaba en la corte del califa y era gobernante de la ciudad de Damasco. Nació en Siria y vivía en la mitad del siglo VIII, cuando en el imperio Bizantino dominaba la herejía iconoclasta. Los Iconos se destruían y sus seguidores se perseguían severamente. Siendo un hombre muy ilustrado y escritor talentoso, Juan Damasceno escribía con mucha convicción defendiendo la veneración de los Iconos ortodoxos.

El emperador griego León El Isáurico, conocido iconoclasta se enojaba con Juan por sus escritos. El ordenó a su escriba estudiar la escritura de San Juan y escribir una carta apócrifa, como si fuera de San Juan, al emperador Bizantino, León El Isáurico, en la cual supuestamente le ofrecía sus servicios para destituir al califa. Esta carta falsificada fue enviada al califa por el emperador León El Isáurico como prueba de la amistad sobre la traición de Juan Damasceno. El déspota oriental, sin revisar bien y sin escuchar las explicaciones de Juan ordeno encarcelarlo y cortarle la mano derecha, con la cual supuestamente escribió la carta desleal. En la cárcel, teniendo consigo el icono de la Madre de Dios, San Juan puso delante del icono su mano cortada y rezó largamente sobre su desgracia. Durante un sueno, la Siempre Virgen se presento al dolorido Juan y mirándolo con benevolencia le dijo: “¡Tu mano esta sana, no sufras mas!”Juan se despertó y vio con alegría y gran sorpresa que la mano cortada estaba unida al cuerpo y quedó sana como fue anteriormente. Solamente quedó una cicatriz, casi invisible, que recordaba el castigo. Lleno de alegría y de agradecimiento hacia la benévola Protectora, en el alma de Juan se compuso el canto: "Benefactora, por Ti se alegra todo el ser viviente." Hasta el día de hoy se canta esta gloria en la Iglesia.

El califa supo sobre el milagro y llamo a Juan. Revisó pacientemente el caso y se dio cuenta de la inocencia de Juan. Considerándose culpable y para remediar su injusticia, el califa ofreció una gran recompensa y altos cargos. Pero Juan, comprendió que poco valor tienen los bienes y la gloria terrenal y se negó a recibirlos. Para agradecer a la Madre de Dios el encargó la replica de la mano en plata y la adjuntó al icono delante del cual se produjo el milagro. Este icono se empezó a llamar de Tres Manos. Después de distribuir todos sus bienes y vestido como un simple ciudadano, se alejo a la comunidad de San Sabas en el desierto de Judea, unos 25 kilómetros al sur-oeste de Jerusalén. Como Juan fue una persona muy conocida nadie de los monjes de la comunidad de San Sabas quería tomarlo como discípulo.

Finalmente un starez se animó de guiarlo con la condición de que Juan, como parte de la obediencia, no iba a escribir más. Juan estaba de acuerdo y empezó a vivir en la comunidad como un simple monje. Unos años después, al monje que tenía amistad con Juan le falleció el padre y el pidió a Juan que escriba alguna oración para el difunto. Inspirado, San Juan escribió los himnos-oraciones, que hasta el día de hoy se cantan en la Iglesia durante las exequias. Uno de estos cantos empieza con las palabras: "Que dulzura de esta vida no tiene la tristeza terrenal…" En arreglo del poeta.

Alexis Tolstoy :

“¿Qué dulzura en esta vida no tiene la tristeza terrenal?

Que la espera no es inútil.

¿Y donde está el feliz entre la gente?

Todo lo que hemos conseguido con el esfuerzo.

Es contradictorio e insignificante.

¿Qué gloria esta segura y absoluta sobre la tierra?

Todo son cenizas, fantasma, sombra y humo.

Todo desaparecerá como el polvo.

Y nos encontraremos de la muerte,

Desarmados delante y sin fuerzas.

La mano del poderoso es débil,

No significan nada los mandatos imperiales,

¡Señor, recibe al difunto esclavo en Tus Moradas Celestiales!”

Cuando starez supo que Juan desobedeció la obediencia y escribió una oración, se enojó y quiso echarlo de la comunidad. Entonces todos los monjes pidieron que Juan se quede. Starez lo dejó quedarse con la condición de que Juan limpie con sus manos todos los lugares sucios de la comunidad. San Juan humildemente cumplió esta dura penitencia impuesta por su starez. Después de este hecho, la Madre de Dios se presentó a starez en un sueño y dijo: “No pares Mi Manantial. Deja que fluya por la Gloria de Dios.” Al despertarse, starez comprendió que Dios quería que Juan Damasceno se consagre a escribir.

A partir de este momento nadie le impedía a Juan escribir obras teológicas y componer oraciones para las ceremonias religiosas. Durante varios años de continuo trabajo el escribió muchas composiciones, oraciones y cánones para las ceremonias religiosas, los que hasta el día de hoy hermosean las ceremonias religiosas ortodoxas. Muchos cantos para Pascuas, Navidad y otras ceremonias religiosas fueron escritos por él. También compuso el octeto que se canta durante las Misas dominicales. Siendo un profundo teólogo, San Juan Damasceno escribió el famoso libro: "Exposición exacta de la fe ortodoxa," donde da Suma Teológica sobre las bases del cristianismo. Falleció en el año 111.

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