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En un mundo de explicaciones científicas, aseverar que Dios interviene sobrenaturalmente en la vida de la humanidad es visto como sospechoso y oscurantista. La afirmación no implica nada de esto, sino que nos invita a regocijarnos en el misterio de la historia de la salvación, que nos ha sido revelado en nuestro Señor Jesucristo (cfr. Romanos 16:25-27; I Corintios 2:1-16). He aquí lo que san Nicolás Velimirović nos dice al respecto en el Prólogo de Ohrid: En este día se celebran la misericordia de Dios, sus admirables obras y su sabiduría: su misericordia hacia los piadosos y justos padres de san Juan, los ancianos Zacarías e Isabel, quienes durante toda su vida habían rogado a Dios por un hijo; la maravilla de la concepción de Juan en el muy envejecido vientre de Isabel; y la sabiduría del plan de salvación para la humanidad. Dios tenía para Juan un plan especialmente grande: que fuera el Profeta y Precursor de Cristo el Señor, el Salvador del mundo. En varias ocasiones, Dios ha revelado mediante sus ángeles el nacimiento de aquellos para quienes tenía un plan especial: el de Isaac a la infecunda Sara [cfr. Génesis 18:1-15; 21:1-7], el de Sansón al infecundo Manoa y a su esposa [cfr. Jueces 13], y el de Juan el Bautista a los infecundos Zacarías e Isabel [cfr. San Lucas 1:5-25, 57-80]. ¿Cómo pueden nacer hijos de padres ya ancianos? Si alguien tiene curiosidad por saber, que no pregunte a hombre pues el hombre no sabe, ni a la ley natural pues esto es muy superior a ella; sino vuelva su mirada al poder del Dios Omnipotente, quien hizo el universo de la nada y ni siquiera utilizó progenitores, jóvenes o viejos, para la creación de Adán. En vez de tener curiosidad, demos gracias a Dios por revelarnos tan frecuentemente su poder, misericordia y sabiduría mas allá de la ley natural, que de otro modo nos encadenaría, pues sin estas singulares maravillas de Dios caeríamos en desesperación y nos olvidaríamos de él.

23 de septiembre/6 de octubre: Nuevo-martir Juan de Konitsa

«La sangre de los mártires es semilla de cristianos», se decía en la Iglesia primitiva. En siglos recientes la Santa Iglesia ha ofrecido literalmente millones de mártires bajo los yugos turco, soviético, nazi y croata, y se ha visto preservada y aumentada por la Gracia de Dios y la intercesión de los que sufrieron por el testimonio de Cristo. San Nicolás Velimirović, de nuevo en el Prólogo, nos ofrece breves datos de uno de éstos testigos, a quien conmemoramos hoy. Nacido en un lugar llamado Konitsa, en Albania, era un musulmán de padres musulmanes. Viendo el poder de la fe cristiana en varios lugares y eventos, fue bautizado. Por esto fue arrestado y traído ante el juez turco. Torturado por su fe cristiana en Etolia, y degollado en 1814, clamó al momento de su muerte: «¡Recuérdame, Señor, en tu Reino!»

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