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San Basilio nació en el año 1464 en la aldea Elojov, cerca de Moscú, en una familia campesina. Cuando el niño creció, lo entregaron para que aprenda el oficio de zapatero. Muy rápido su maestro comprendió que su alumno no era un niño común. Un comerciante entró al taller para encargar un par de botas y pidió que fueran de tal calidad que pueda usarlas mas de un año. Basilio apenado dijo: “Las haremos de tal manera que no llegaras a gastarlas.” Pasando algunos días el comerciante murió.

A los 16 años, Basilio abandonó su casa paterna y fue a Moscú. Allí comenzó su nuevo sacrificio de necio por Cristo. Durante las heladas invernales y el calor veraniego, el Beato ambulaba por las calles de Moscú descubierto y descalzo. Un día tumbó un puesto que vendía pan, derramó un cantero con bebida. Los vendedores lo golpearon duramente y el con alegría recibía los golpes y agradecía a Dios. Luego se supo que los panes tenían una sustancia dañina y que la bebida fermentada no estaba apta para el consumo. Por todo esto mucha gente comenzó a notar que el Beato era un hombre de Dios.

A veces, mediante alegorías o señales, o de una forma muy directa y sincera, predecía tanto los infortunios con los que se castigaba a los pecadores, como también el bienestar con que se premiaba a los virtuosos. En algunas ocasiones entraba en las tabernas para salvar a los borrachos que sucumbían por su vicio. En las calles y plazas enseñaba a la gente como seguir la senda de bien. Hasta el mismo Zar Juan el Terrible, recibía del Beato las enseñanzas referidas a la virtud de la piedad. Así un día, durante el oficio religioso, el Zar pensaba como iba a adornar mejor su palacio que estaba en los colinas de Vorobiov. Después del oficio, el Beato le hizo una observación al Zar que este último, con sus pensamientos no estaba en el templo sino en el palacio. El Zar reconoció su falta y desde entonces estimó aún más al necio Basilio.

Una vez, un comerciante comenzó a edificar un templo, pero las bóvedas del mismo se desmoronaban. El Beato aconsejó al comerciante a viajar a la ciudad de Kiev:" Encuentra allí a Juan; él te aconsejará cómo deberás terminar la construcción de la iglesia." El comerciante así lo hizo y encontró a Juan sentado en su choza meciendo una cuna vacía. “¿A quien estas meciendo?" – pregunto el comerciante. “A mi querida madre, le pago la deuda que la debo por mi nacimiento y mi crianza." Entonces, el comerciante se acordó que había echado de la casa su madre y comprendió entonces porque no podía llegar al término con la construcción del templo.

Con alegría el Beato ayudaba a aquellos que se avergonzaban a pedir limosna aunque ellos la necesitaban. Así, una vez, entregó los regalos que le había dado el Zar a un comerciante extranjero quien quedó sin medios económicos para poder vivir. Hasta en la gente perdida moralmente, veía una pizca de bondad y los reconfortaba cariñosamente y los animaba. Al pasar en frente de aquellas casas donde la gente se emborrachaba y se divertía con desenfreno, abrazaba las esquinas de la casa y decía: "Los ángeles están afuera de las casas, afligidos por los pecados humanos.” Muy seguido, el pueblo se burlaba y golpeaba al Beato Basilio, que soportaba todo con humildad. Las noches las pasaba en el atrio de las iglesias en oración y meditación. Dios distinguió a este hombre pío con el Don de clarividencia y el Don de poder realizar milagros. Así, por las oraciones del Beato Basilio delante del icono de la Santa Madre de Dios de Vladimir, Moscú y con ella toda Rusia, se salvaron del invasión del Khan Majmet Guirei en el año 1521. Este Khan que ya había incendiado y quemado los alrededores de Moscú, se atemorizó ante la visión de una multitud de soldados y se retiró a las fronteras de Rusia.

En el año 1547, el Beato lloraba desconsoladamente, presintiendo el incendio de Moscú, que posteriormente destruyo casi toda la ciudad. Al poco tiempo, durante un almuerzo en los aposentos del Zar, el Beato, arrojó tres veces el vino por la ventana diciendo que estaba apagando el incendio que se producía en Novgorod. Así fue en realidad, en ese momento en Novgorod comenzó un incendio, pero no pudo expandirse porque un hombre desconocido apagaba las casas incendiadas. Cuando mas tarde algunos habitantes de Novgorod, viajaron a Moscú, reconocieron en el Beato a aquel hombre desconocido.

Falleció el Beato Basilio a los 88 años en el 1552. El mismo Zar Juan, llevó su cuerpo a la iglesia para el oficio de la defunción. San Basilio fue enterrado en Moscú, en la catedral de del Manto de la Santa María de Dios, que habitualmente es llamada el templo de Basilio, el Beato. Sus reliquias se glorificaron por los numerosos milagros realizados ante ellas. Las pesadas cadenas de asceta que llevaba sobre su cuerpo estaban guardadas en la Academia Espiritual de Moscú.

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