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El príncipe Vladimiro era hijo de Sviatoslav y de la princesa Malusha. Nació en el año 963 y fue educado por el pagano Dobrinia, hermano de su madre. En le año 972 comienza su gobierno de Novgorod. En el año 980, en plena guerra entablada por los hermanos, Vladimiro se dirige a Kiev gobernado por su hermano mayor Iaropolk. Al vencerlo inicia su gobierno en Kiev. Así, conquista Galicia, aquieta a los viatichi entabla guerras con los pechenegos y expande las fronteras de su país que llega a extenderse desde el mar Báltico en el norte y el río Bug en el sur. Tuvo 5 esposas y numerosas concubinas. En los montes de Kiev erige ídolos comenzándose, allí, a realizar sacrificios humanos. Fue entonces cuando perecieron por Cristo los variagos Teodoro y Juan. Las circunstancias en que ocurrió la muerte de estos últimos, fuertemente impresionaron a Vladimiro quien comenzó a dudar de la veracidad de la religión pagana.

Invitados por el príncipe, llegaban a Kiev predicadores de diferentes países: embajadores de los búlgaros-musulmanes que poblaban las regiones del Volga, los germanos-latinos, los judíos y los griegos. El príncipe indagaba a todos ellos acerca de sus religiones y, cada uno le ofrecía convertirse a su creencia. La impresión más fuerte le produjo el predicador ortodoxo griego quien, como corolario de su prédica, le pintó la escena del Juicio Final. Entonces, Vladimiro, siguiendo el consejo de los boyardos, mandó a 10 hombres sabios, para que en los lugares de origen, examinen que religión es la mejor. Cuando estos embajadores rusos llegaron a Constantinopla, la magnificencia del templo de Santa Sofía, el canto armonioso de los cantores de la corte y la solemnidad con que el patriarca oficiaba, los conmovió hasta lo más profundo de sus almas. “No sabíamos — contaron más tarde a Vladimiro — si nos encontrábamos en la tierra o en el cielo.”También comentaron: “Si la religión griega no fuera la mejor de las creencias, no la hubiera abrazado tu abuela Olga, que era la más sabia entre los hombres.” Vladimiro resolvió bautizarse, pero, no quería que Rusia pasara a depender de los griegos. Entonces, al poco tiempo del regreso de los embajadores, comenzó una campaña contra los griegos y tomó la ciudad de Jersones. Desde allí, envió embajadores a Constantinopla a los emperadores Basilio y Constantino exigiendo la mano de la hermana de los emperadores, la princesa Ana. Los emperadores contestaron que la princesa solo puede ser la esposa de un cristiano. Entonces,

Vladimiro anunció que quería abrazar la fe cristiana, pero, antes de la llegada de la novia a Jersones, el principe fue afectado de ceguera. En esta situación, como el apóstol Pablo, supo de su debilidad espiritual y se preparó par el magno misterio del renacimiento. Al llegar la princesa a Jersones, le aconsejó apurar el bautismo. Vladimiro se bautizó (en el año 988) con el nombre de Basilio. Al salir de la pila bautismal, recobró la vista tanto física como espiritual, y, con gran alegría exclamó: “Ahora he sentido al verdadero Dios.” Al regresar a Kiev, trayendo a numerosos sacerdotes griegos y de Jersones, Vladimiro, en primer lugar, propuso bautizar a sus doce hijos, lo que ellos hicieron en un manantial, conocido en Kiev con el nombre de Kreschiatik. A continuación se bautizaron numerosos boyardos. Mientras tanto, Vladimiro comenzó a derribar los ídolos, el mas importante de los cuales era el ídolo de Perún. Este ídolo fue atado a la cola de un caballo y, con profanaciones, fue derribado del monte y arrojado a las aguas del río Dnieper. Después de destruir los ídolos, Vladimiro difundió entre el pueblo la predica del Evangelio. Los sacerdotes cristianos reunían a la gente y los adoctrinaba en la Santa Fe. Finalmente, San Vladimiro anunció que todos los habitantes de Kiev, ricos y pobres, se debían reunir, un día determinado, a orillas del río para recibir el bautismo. Los pobladores se apuraban a cumplir con la voluntad del príncipe razonando así: “Si la nueva religión no fuera mejor que la anterior, no la hubieran adoptado ni el príncipe ni lo boyardos.” El día indicado, los habitantes de Kiev se reunieron en las orillas del Dnieper. El mismo Vladimiro llegó allí, junto a los sacerdotes cristianos. Todo el pueblo se sumergió en el río, quien hasta el cuello, quien hasta el pecho; los adultos llevaban en sus brazos a los niños. Los sacerdotes, en la orilla, leían las plegarias y, San Vladimiro, lleno de gozo, rezaba a Dios y se encomendaba a Él a sí mismo y a todo su pueblo.

Después de Kiev y de sus alrededores, la Santa religión fue difundida en Novgorod. Miguel, el primer metropolitano de Kiev, llegó allí en el año 990. Lo acompañaban 6 obispos y Dobrinia, el tío de San Vladimiro. Primeramente derribaron el ídolo de Perún y, como anteriormente en Kiev, lo arrastraron por el suelo arrojándolo luego al río Voljov. Después divulgaron la Santa Fe y bautizaron al pueblo. Desde Novgorod, el metropolitano Miguel, con 4 obispos y acompañado por Dobrinia, fue a Rostov donde realizó numerosos bautismos, consagró presbíteros y erigió un templo. Sin embargo, el paganismo se mantuvo en Rostov durante mucho tiempo, por lo cual los dos primeros obispos de Rostov, San Teodoro y San Hilarion, después de realizar grandes esfuerzos en combatirlo, debieron abandonar la cátedra. Para la erradicación del paganismo y la consolidación de la Santa Fe, bregaron allí los obispos San Leoncio y San Isaías, como también el Beato Ambrosio, Archimandrita, fundador del monasterio de Rostov.

En el año 992 la Santa religión fue introducida en la región de Susdal. Allí llegó San Vladimiro. Al príncipe acompañaban 2 obispos. Los habitantes de Susdal gustosamente se bautizaron. Los hijos de San Vladimiro, entre quienes el príncipe repartió los feudos, se preocupaban de difundir y consolidar el Cristianismo en las regiones que gobernaban. Así, en le siglo X, además de Kiev, Novgorod, Rostov, y Susdal, la Santa Fe fue llevada a tierra de los drievlane. Posteriormente, en los territorios de los viatichi (las tierras de Kursk, Orel, Tula y Kaluga) realizó una intensiva prédica evangélica el Beato Kuksha, monje del monasterio de Pechersk, quien fue torturado y muerto por los paganos.

En general, la fe cristiana, durante los primeros años, se difundió preponderantemente cerca de Kiev y luego, por vía fluvial, desde Kiev y hasta Novgorod. Desde Novgorod se difundió a lo largo del Volga. Bajo la influencia de la religión cristiana, las tribus eslavas comenzaron a unirse en una nación. La exitosa difusión de la fe de Cristo entre el pueblo ruso, se debió en especial, a que se difundía en su mayoría, por medios pacíficos: por la prédica, por la persuasión (sin usar el fuego y la espada, como no pocas veces los utilizaban los católicos romanos) y, además, gracias a la labor de San Cirilo y San Metodio, en el local idioma eslavo. Los rusos llevaron la fe cristiana ortodoxa a los pueblos no rusos que habitaban en la vecindad de las fronteras y en los límites mismos de Rusia. Así, entre los siglos X y XIII empezaron a bautizarse algunas tribus finlandesas (Izhora y Carelia), las tribus no rusas de la región de Vologda y otras más. A comienzos del siglo XIII en las orillas de los ríos Volga y Oka, fue fundada la ciudad de Nizhni Novgorod, un fuerte baluarte de la Ortodoxia entre los pueblos no rusos de Povolyie y la región central de Rusia. En el oeste de Rusia, la difusión de la fe ortodoxa se encontró frente a otra fuerte influencia. Era la influencia de la iglesia católica romana. En Finlandia predicaban los misioneros latinos llegados desde Suecia. Al sur del golfo de Finlandia, en los primeros tiempos se afianzó la Ortodoxia, pero más tarde, desde Dinamarca, llegaron los misioneros romanos. A fines del siglo XII, en Libonia, se creó la orden de los Caballeros de la orden de Porte-Glaive (guerreros de espada) latina. Estos combatieron contra la influencia rusa y contra los éxitos de la Ortodoxia. En Lituania, ya en el siglo XII, comenzó a difundirse la religión ortodoxa desde las vecinas poblaciones rusas. En el siglo XIII, al conquistar los príncipes lituanos las ciudades rusas como Novogrudok, Sklonim y Brest, muchos se sus pobladores recibieron el bautismo. El martirio y la muerte en el siglo XIV, que por la fe sufrieron tres altos dignatarios de la corte del príncipe lituano Olguerd (hijo de Guedemin, fundador del principado lituano) contribuyó sobremanera al éxito de la difusión de la Santa Fe. Estamos mencionando a los Santos Mártires Antonio, Juan y Eustafio. Pero, a fines del mismo siglo, Lituania que dominaba a la ortodoxa Rusia occidental se unió a la católica Polonia. Después de esto, los Papas de Roma aplicaron todos sus esfuerzos para: 1) separar las diócesis situadas en el sudoeste de la unida iglesia ortodoxa rusa; y 2) introducir allí la llamada Unión lituana.

La influencia del cristianismo sobre la vida del pueblo ruso.

Una vez adoptada la fe de Cristo, enseguida comenzó a tener una influencia positiva sobre la vida de nuestros antepasados. Empezaron a afianzarse las costumbres cristianas. Por ejemplo: los frecuentes rezos, la beneficencia, las peregrinaciones a los lugares santos y otras más. Esta benéfica influencia, sobre los corazones y las costumbres, se manifestó, especialmente, en la vida de destacadas personalidades de ese entonces. El príncipe Vladimiro siendo pagano se abandonaba a algunos vicios, se destacaba por su crueldad. La fe cristiana lo transformó completamente. Se volvió sobrio, casto, compasivo con los indigentes y lisiados y enfermos, ordenaba llevarles a las casas todo lo necesario para el sustento. Hasta temía, el Vladimiro cristiano, a ajusticiar a los malhechores preguntando a los demas si no cometía pecado en caso de tener que hacerlo. Los Santos Mártires Boris y Gleb, hijos de Vladimiro, eran un modelo de la piedad cristiana. Entre los metropolitanos rusos son reconocidos por la santidad de sus vidas, entre otros, Miguel e Hilario. Muchos ejemplos de santidad encontramos, sobre todo en le monacato. Fueron las altas jerarquías eclesiásticas y los príncipes los que preponderantemente se preocuparon por la educación cristiana del pueblo. Siguiendo el consejo del metropolitano Miguel, el principal jerarca de la Iglesia Rusa, el príncipe Vladimiro organizó en Kiev y otras ciudades rusas, institutos educativos. El mismo metropolitano Miguel llamaba a los maestros y los instruía sobre el trato que debían tener con los niños. El hijo de Vladimiro, Jaroslav el Sabio, al construir iglesias en ciudades y poblados ordenó, que en todos ellos, se instruyese al pueblo. En la ciudad de Novgorod organizó una escuela donde estudiaban 300 niños. Según escribe el cronista, Jaroslav leía libros “día y noche”y reunía alrededor suyo a muchos escribas” para que copiaran los libros y, hasta a veces, los tradujeran del griego al idioma eslavo. El ejemplo de Vladimiro y de Jaroslav siguieron muchos de sus sucesores, como también el clero y el monacato.

En los monasterios se consideraba que todo lo referente a los libros era una causa de Dios. Algunos monjes dedicaban todo su tiempo, después de realizar sus rezos, a la copia y traducción de los libros. A veces para ellos debían viajar al Oriente: a Constantinopla o al monte Athos. Preocupados por la educación cristiana (religiosa) del pueblo, las altas jerarquías eclesiásticas y los predicadores de la iglesia rusa trataban, así mismo, de afianzar en la tierra rusa un orden civil basado siempre sobre las enseñanzas cristianas. En especial, fue beneficiosa su influencia durante los desastrosos tiempos de las guerras internas entre los príncipes. Los metropolitanos trataban de apaciguar las disputas entre ellos. Durante las guerras feudales y las divisiones, nuestra jerarquía eclesiástica, sin embargo, quedó unida e indivisible. Esta unidad fuertemente contribuyó a la unificación de la nación rusa.

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