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Santa Taisia vivió en Egipto en el siglo quinto. Al quedar huérfana después de la muerte de sus padres muy ricos, llevaba ella una vida caritativa, dedicándose a la beneficencia y a la asistencia de los enfermos. Frecuentemente paraban en su casa los monjes, que venían del desierto a la ciudad para vender sus canastos. Taisia recibía el respeto y el amor de todos. Después de unos cuantos años de constante actividad benéfica, el patrimonio de Taicia se agotó. Entonces Taicia conoció a algunas personas con malas intenciones, y cayó bajo una mala influencia. Su vida comenzó a ser cada vez mas y más desordenada. Los monjes del monasterio en el desierto, que paraban antes en su casa, al enterarse de este cambio operado en ella, se entristecieron. Acudieron a su abad (el superior padre espiritual) Juan Kolov, y le dijeron "nosotros escuchamos que nuestra hermana Taisia quedo arruinada. Cuando ella era rica, ella nos manifestaba su amor. Y nosotros ahora debemos mostrarle nuestro amor y brindarle nuestra ayuda. Esfuérzate en visitarla.

El abad Juan, llegó donde Taisia, se sentó a su lado y la miró detenidamente a los ojos, luego bajó la cabeza y comenzó a llorar amargamente. Taisia, conmovida le preguntó al superior "Abad, ¿porque lloras? Él le respondió. "¿Cómo no voy a llorar? Veo, que Satanás juega en tu rostro. En que no te gustó Jesús, que te volviste a las obras opuestas a Él? Ella al escuchar esto, se conmocionó y le dijo: “¡Padre! ¿Hay confesión para mí?, Él le contestó “¡Hay” – “Entonces llévame a donde debo ir, – le dijo ella, y parándose lo siguió cubierta de lagrimas. El abad Juan se asombró al ver que Taisia, no organizó ni dispuso que es lo que va a hacer con su patrimonio, y que tampoco se despidió de nadie. Cuando ellos se acercaron al desierto ya anochecía. El abad Juan le hizo un lugarcito en la arena, y un poco más distante otro semejante para él. Con la señal de la Cruz protegió su lugar, y dijo "duérmete aquí"- y al cumplir con sus oraciones también se acostó. A la mañana siguiente, el padre comenzó a despertar a Taisia. Pero aquí el se dio cuenta que Taisia, estaba muerta. El anciano padre se acongojó mucho, pensando que el alma de Taisia pereció, ya que ella no había tenido tiempo de confesarse, comulgarse y hacerse monja. Entonces él escuchó una voz. “Una hora de su arrepentimiento fue recibido mas que el arrepentimiento de mucho tiempo de otros, que no renuncian a si mismos al arrepentirse” Así, El Señor le abrió al abad Juan, que Él, perdonó a Taisia por la sinceridad y determinación en su arrepentimiento.

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